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nanas de la cebolla

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( Dedicadas a su hijo, a raíz de recibir una carta de su mujer, en la que le decía que no comía más que pan: y cebolla) La cebolla es escarcha cerrada y pobre. Escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla, hielo negro y escarcha grande y redonda. . En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre, escarchada de azúcar, cebolla y hambre. . Una mujer morena resuelta en luna se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ríete, niño, que te traigo la luna cuando es preciso. . Alondra de mi casa, ríete mucho. Es tu risa en tus ojos la luz del mundo. Ríete tanto que mi alma al oírte bata el espacio. . Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea. . Es tu risa la espada más victoriosa, vencedor de las flores y las alondras Rival del sol. Porvenir de mis huesos y de mi amor. . La carne aleteante, súbito...

Juncos...

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¿Mi amor?... ¿Recuerdas, dime, aquellos juncos tiernos, lánguidos y amarillos que hay en el cauce seco?... Antonio Machado

el amor difícil

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Perdóname por ir así buscándote tan torpemente... Pedro Salinas Quizá tú no me viste, quizá nadie me viese tan perdido, tan frío en esta esquina. Pero el viento pensó que yo era piedra y quiso con mi cuerpo deshacerse. Si pudiera encontrarte, quizá, si te encontrase, yo sabría explicarme contigo. Pero bares abiertos y cerrados, calles de noche y día, estaciones sin público, barrios enteros con su gente, luces, teléfonos, pasillos y esta esquina, nada saben de ti. Y cuando el viento quiere destruirse me busca por la puerta de tu casa. Yo le repito al viento que si al fin te encontrase, que si tú aparecieses, yo sabría explicarme contigo. Luis García Montero

sensaciones

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CUANDO me miro no me percibo. Tengo tanto la manía de sentir que me extravío a veces al salir de las propias sensaciones que recibo. El aire que respiro, este licor que bebo pertenecen a mi modo de existir, y nunca sé como he de concluir las sensaciones que a mi pesar concibo. Ni nunca, propiamente, reparé si en verdad siento lo que siento. Yo ¿seré tal cual como me parezco? ¿seré tal cual como me juzgo verdaderamente? También ante las sensaciones soy un poco ateo, ni sé bien si soy yo quien en mí siente. Fernando Pessoa

una carta de amor

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Una carta de amor Todo lo que de vos quisiera es tan poco en el fondo porque en el fondo es todo como un perro que pasa, una colina, esas cosas de nada, cotidianas, espiga y cabellera y dos terrones, el olor de tu cuerpo, lo que decís de cualquier cosa, conmigo o contra mía, todo eso es tan poco yo lo quiero de vos porque te quiero. Que mires más allá de mí, que me ames con violenta prescindencia del mañana, que el grito de tu entrega se estrelle en la cara de un jefe de oficina, y que el placer que juntos inventamos sea otro signo de la libertad. Julio Cortázar Hasta la vuelta. Estaré fuera algunos días.

Aves acuáticas...fotografías de Albert Buendia

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VED cómo los plumosos habitantes del agua, con tal gracia al moverse, que apenas se diría inferior a la angélica, prolongan su curioso placer. Describen en el aire (y a veces con volar osado, que se cierne hasta las mismas cumbres), un círculo más amplio que el lago, allá en lo hondo, su dominio; y en tanto que se aplican a trazar, una vez y otra vez, el gran círculo, su jubilosa actividad describe centenares de curvas y círculos menudos, ora abajo, ora arriba, en avance intrincado, pero seguro, como si guiase un espíritu su vuelo infatigable. Ya el juego terminó: así lo imaginé diez 0 más veces; pero, mira: la banda, desvanecida ya, vuelve a ascender. Se acercan. Rumorean sus alas, leves al pronto, y luego su enérgico batir pasa a mi vera y vuelve a oírse el rumor leve. Al sol invitan, para que juegue con sus plumas, y al agua o bien al hielo chispeante, que les muestren su bella imagen. Ellos mismos, sus bellas formas son en el luciente llano, con colores má...

sueño en fuga

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Soñé que me soñabas, que tu voz como estela de naufragios amanecía en mi aliento. Que era mío el silencio de cada madrugada cómplice en tus párpados cerrados, el secreto que rindes a tu almohada, el pensamiento que traicionas en mis brazos. De ese sueño sin fin ya no despiertes: que el alba nos encuentre suspendidos, sin voz, sin figura, sin recuerdos, habitantes de un sueño en fuga hacia su propia muerte. Blanca Luz Pulido Fotos: Le Mosquito