13/4/12

El ruego del libro



Ponme una ropa oscura, la ropa de labor,
trátame con dulzura, como si fuera una flor.
Verás cuando oigas locas historias infantiles,
que charladoras bocas son mis hojas sutiles.

Mi saber es liviano, mi saber es profundo.
Niño, me das la mano y yo te muestro el mundo.
Yo te presento un hada y te charlo del sol,
de la rosa encarnada, prima del arrebol;
de la patria gloriosa, de las almas de luz,
de la vida armoniosa del maestro Jesús

Mis hojitas nevadas piden solo un favor:
de tus manos rosadas un poquito de amor.

Gabriela Mistral

4 comentarios:

enletrasarte(Omar) dijo...

se llamaba
Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga
y fue tan grande como su nombre real
saludos

Meme dijo...

No lo sabía, Omar. Gracias y si, fue grande.

Un Saludo muy afectuoso

Chelo dijo...

“Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora”. Proverbio Indú.

Meme dijo...

Buenos días, Chelo.
Certero proverbio.

Abrazos