17/11/12

El viaje


Y moví mis enérgicas piernas de caminante
 y al monte azul tendí.
 Cargué la noche entera en mi dorso de Atlante.
 Cantaron los luceros para mí.

 Amaneció en el río y lo crucé desnudo
 y chorreando la aurora en todo el monte hendí.
 Y era el sabor sombrío que da el cacao crudo
 cuando al mascar lo muelen los dientes del tapir.

 Pidió la luz en hueco para saldar su cuenta
 (yo llevaba un puñado de amanecer en mí).
 Apretaron los cedros su distancia, y violenta
 reunió la sombra el rayo de luz que yo partí.

 Sobre las hojas muertas de cien siglos, acampo.
 Vengo de la montaña y el azul retoñé.
Arqueo en claro círculo la horizontal del campo.
 Sube, sobre mis piernas, todo el cuerpo que alcé.
 Rodea el valle. Hablo,
y alrededor, la vida, sabe lo que yo sé.

Carlos Pellicer

Hasta la vuelta

3 comentarios:

Chelo dijo...

Bonita froma de comunicarnos tu viaje.
Pasatelo bien y hasta la vuelta.
Un abrazo

Chela dijo...

Hermosa integración del hombre con la naturaleza.

Feliz viaje y que lo disfrutes. Un cariñoso abrazo.

Olegario dijo...

Magnífico el poema y sobre todo muy de actualidad. Cuantas veces hemos de arrepentirnos de lo no hicimos en su dia.Un abrazo.