Platero y yo

>> 12/12/14



Platero es pequeño, peludo,
suave; tan blando por fuera, que
se diría todo de algodón, que no
lleva huesos. Sólo los espejos de
azabache de sus ojos son duros
cual dos escarabajos de cristal
negro.

Lo dejo suelto y se va al
prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las
florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?",
y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué
cascabeleo ideal...

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas
moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita
de miel...

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y
seco por dentro, como de piedra... Cuando paso sobre él, los domingos,
por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de
limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:

— Tiene acero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

1 comentarios:

Marcos 13 de diciembre de 2014, 1:19  

Platero es una delicia espiritual para cualquier edad.

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