Paseos marítimos

>> 29/11/08



Será porque el amor tenía entonces
el color de las lámparas de gas
y yo tan pocos años que miraba
caer en las hamacas
una lenta experiencia de cansado
septiembre
Era en las tardes últimas.
Sentados sobre el porche veíamos la luz.
Finales de verano por las enredaderas,
en los olivos secos,
las palmeras desnudas de un jardín
donde nada pasaba,
solamente la vida.
Con qué coraje, amor, y qué deprisa
se nos llenó más tarde
de paseos franceses y de farolas viejas.

Y era un tiempo feliz el que vivimos,
según dijeron luego. De mi infancia recuerdo
dos zapatos vacíos y azules en el suelo,
el olor de la casa,
sus ojos y los tuyos que llegaron despacio
igual que aquellos sueños
heridos tibiamente por un lápiz de labios,
carmín desesperado de posguerra.

Crecimos
en la oscura presencia de su risa,
sobre balcones altos y glorietas,
de espaldas al temor, a la miseria
que nos miraba a veces
desdibujadamente
desde la ventanilla del último autobús.

Perdón si os hice trampa
pero pienso que nada queda ya
si no es la huella
de este extraño placer que siento al describiros
(y el viejo tema de nuestra amistad).

Porque no es ya su pelo
y ni siquiera el tuyo que vendría más tarde
sino algunas mañanas en que fuimos al muelle
y vimos solitarias
las lámparas de gas en las paredes,
los charcos sucios
de lluvia y de petróleo,
el mar, el mismo mar
latiendo en las mamparas,
los adoquines húmedos del puerto.

Allí,
bajos los hierros verdes y las grúas,
yo conocí tus ojos cansados de café.
De mi infancia recuerdo la bruma de los barcos
y una luna deshecha, tatuada en el mar.

Cuando otra vez se posan
en las playas del Cable y El Poniente
las luces o los pájaros,
he regresado aquí.
Quizás por eso tenga
alquilado el recuerdo
igual que una pensión por unas horas
y espero a que regresen los barcos mientras busco
las sandalias doradas de tu juventud
en los papeles viejo
de mi vida que hoy rompo.

Todo me llega débil como un baile lejano.

El mundo tiene a veces sabor de Noche Vieja.

Será porque el amor soñaba entonces
el color de las lámparas de gas
y yo recuerdo ahora
su fría insuficiencia, colgada sobre un mástil
que nos dejó en la tierra.
Entonces,
tal vez tú lo recuerdes,
nos hablaba en voz baja la luz de la ciudad.


Intento, sin compañía, de rehabitar una ciudad

Pienso en la solución confusa de este cielo,
la lluvia casi a punto en la mirada
débil que las muchachas me dirigen
acelerando el paso, solitarias,
en medio del acento que se escapa
como un gato pacífico
de las conversaciones.
Y también pienso en ti. Es la exigencia
de cruzar esta plaza, la tarde, Buenos Aires
con nubes y mil cables en el cielo,
cinco años después
de que lo conociéramos nosotros.

Los que vienen de fuera siguen viendo
ese resumen ancho de todas las ciudades,
ríos que de tan grandes
ya no esperan el mar para sentir la muerte,
cafés que han encerrado
la imitación nostálgica del mundo,
con besas de billas habitantes que viven
hablando de sus pérdidas en alto.

Mientras corre la gente a refugiarse
de la lluvia, empujándome,
pienso desorientado
en el dolor de este país incomprensible
y recuerdo la nube
de tus preguntas y tus profecías,
selladas con un beso,
en la Plaza de Mayo,
camino del hotel.

Testigos invisibles para un sueño,
hicimos la promesa
de regresar al cabo de los años.
Parecías entonces
eterna y escogida,
como cualquier destino inevitable,
y apuntabas el número de nuestra habitación.
Ahora,
cuando pido la llave de la mía
y el alga de la luz en el vestíbulo
es lluvia rencorosa,
vivo confusamente el desembarco
de la melancolía,
mirad por ti, mirad porque es el tiempo
agua que nos fabrica y nos deshace.



Luis García Montero



8 comentarios:

SELMA 29 de noviembre de 2008, 22:15  

Sabía que mi visita de hace un ratito no sería la última, ni esa tampoco...Ahora he leído este melancólico poema de nuestro admirado Luis García Montero, hermosa lectura... Mejor Persona...
Volveré a por la música, se me ha resistido... Así será bueno volver a tomarnos el último chupito de la noche... juntas...

Un dulce Beso, Musa , Amiga...

SELMA 30 de noviembre de 2008, 15:43  

La mer
Qu'on voit danser le long des golfes clairs
A des reflets d'argent
La mer
Des reflets changeants
Sous la pluie

La mer
Au ciel d'été confond
Ses blancs moutons
Avec les anges si purs
La mer bergère d'azur
Infinie

Voyez
Près des étangs
Ces grands roseaux mouillés
Voyez
Ces oiseaux blancs
Et ces maisons rouillées

La mer
Les a bercés
Le long des golfes clairs
Et d'une chanson d'amour
La mer


¡Mi hermosa Musa!
Qué regalo más bonito... es tomando el café juntas que la escuchamos finalmente....

Mil petonets en cada onada d'aquest Mare Nostrum...

Goathemala 1 de diciembre de 2008, 11:38  

Una delicia que derrite esta poesía. Impresionante, la verdad.

Buen ojo tienes para las fotos, amiga, en efecto era la misma que puse un año en Frondosidad.


--
Saludos, Goathe.

ana porras 1 de diciembre de 2008, 20:06  

Hola Meme.

Preciosa y melancólica poesía para una tarde como ésta casi invernal.
Parece como si paseara por ese paisaje oyendo tan bello poema

Chela 2 de diciembre de 2008, 14:06  

Contemplar el mar, su ir y venir, es para mi un placer, unas veces alegre, otras nostálgico, pues también tengo muchos recuerdos de infancia y de juventud en la quietud o en el ajetreo de muelles y gruas, de barcos y de marineros, de gaviotas, de temporales, y de lunas bailando en las aguas...

Preciosisismo poema. Y la música...¡Un buen fondo para la lectura y para el recuerdo!

Un fuerte abrazo.

Meme 3 de diciembre de 2008, 22:26  

Selma

Tú que me conoces, sabes que las poesías melancólicas son las que más me gustan.

Un molt fort petó i una abraçada


Goathe

El que tiene buen ojo eres tú, amigo. Admiro como sabes transmitir tantas sensaciones en tus capturas.

Un abrazo.

Hola Ana ,

sólo los grandes poetas consiguen con sus palabras llevarnos a esos paisajes y hacernos olvidar el frío que nos acompaña en este tiempo.

Un beso.


Chela

Esta magia que tiene el mar, que tú, desde tu ventana puedes contemplar, te trae estos recuerdos, nostálgicos y de alegría...

Qué hermoso es recordar y sobre todo vivir esos momentos, que a veces no son fáciles.

Un fuerte abrazo también para ti

Ludmila 3 de diciembre de 2008, 22:31  

qué lindo

Jayja para tí... 4 de diciembre de 2008, 1:12  

se ve tan lindo y romántico, y me imagino allí, como hubiése querido vivir, con vestidos largos muy escotados, y detrás de cualquier esquina, el hombre de mi vida...
un saludo...

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