7/10/12

Octubre

Estaba echado yo en la tierra, enfrente
 el infinito campo de Castilla,
 que el otoño envolvía en la amarilla
 dulzura de su claro sol poniente.

 Lento, el arado, paralelamente
 abría el haza oscura, y la sencilla
 mano abierta dejaba la semilla
 en su entraña partida honradamente.
 
 Pensé en arrancarme el corazón y echarlo,
 pleno de su sentir alto y profundo,
 el ancho surco del terruño tierno,
 a ver si con partirlo y con sembrarlo,

 la primavera le mostraba al mundo
 el árbol puro del amor eterno.

Juan Ramón Jiménez

3 comentarios:

Chelo dijo...

Como dice Juan Ramón Jiménez a mi tampoco me importaría poner el corazón en el ancho surco para que la primavera mostrara el árbol de amor eterno.

Un abrazo

ana porras dijo...

Hola Meme.
¡Qué poema tan maravilloso! Como siempre eliges los mejores y más adecuados.
Gracias por los que incluyes en tus comentarios en mi blog.
Un abrazo

Meme dijo...

Muchas gracias a las dos, y si Chelo tampoco me importaría.

Abrazos