Oda al aceite

>> 8/7/13


Cerca del rumoroso
cereal, de las olas
del viento en las avenas,

el olivo

de volumen plateado,
severo en su linaje,
en su torcido
corazón terrestre;
las gráciles
olivas
pulidas
por los dedos
que hicieron
la paloma
y el caracol
marino:
verdes,
innumerables,
purísimos
pezones
de la naturaleza,
y allí
en
los secos
olivares
donde
tan sólo
cielo azul con cigarras,
y tierra dura
existen,
allí
el prodigio,
la cápsula
perfecta
de la oliva
llenando
con sus constelaciones el follaje:
más tarde
las vasijas,
el milagro,
el aceite.

Yo amo
las patrias del aceite,
los olivares
de Chacabuco, en Chile,
en las mañanas
las plumas de platino
forestales
contra las arrugadas
cordilleras
en Anacapri, arriba,
sobre la luz tirrena,
la desesperación de los olivos,
en el mapa de Europa,
España,
cesta negra de aceitunas
espolvoreada por los azahares
como una ráfaga marina.

Aceite,
recóndita y suprema
condición de la olla,
pedestal de perdices,
llave celeste de la mayonesa,
suave y sabroso
sobre las lechugas
y sobrenatural en el infierno
de los arzobispales pejerreyes.
Aceite, en nuestra voz, en
nuestro coro,
con
íntima
suavidad poderosa
cantas;
eres idioma castellano:
hay sílabas de aceite,
hay palabras
útiles y olorosas
como tu fragante materia.
No sólo canta el vino,
también canta el aceite,
vive en nosotros con su luz madura
y entre los bienes de la tierra
aparto,
aceite,
tu inagotable paz, tu esencia verde,
tu colmado tesoro
que desciende
desde los manantiales del olivo.

Pablo Neruda

4 comentarios:

Chela 9 de julio de 2013, 0:50  

La primera vez que fui a Andalucía, empezaba mayo, y me sorprendieron sus campos verdes, llenos de amapolas, pero sobre todo, los hermosos olivares que salpicaban el paisaje por doquier, todavía sin frutos, pero meciendo, con elegancia, sus finas hojas de plata, dando cobijo a los leñosos troncos, tan añejos como nobles pues muestran en sus pliegues retorcidos las huellas centenarias de su arraigo en esta tierra.

¡Que bien ha cantado Neruda, la esencia del olivo y de sus frutos!
¡Para eso hay que nacer poeta!

La foto supongo que será de un olivo mallorquín, pues también ahí son parte del paisaje.

Un fuerte abrazo.

Omar enletrasarte 9 de julio de 2013, 18:25  

Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto un gran poeta, sin dudas
saludos

Marcos 10 de julio de 2013, 0:21  

Recuerda que el Rey Cécrope de Atenas hizo de juez entre Poseidon y Atenea para elegir el símbolo de Atenas, y fue Atenea con su lanza quien hizo brotar un olivo, un singular árbol del que, como dice la leyenda, “no solamente sus frutos serían buenos para comer sino que de ellos se obtendría un líquido extraordinario que serviría para alimento de los hombres, rico en sabor y en energía, para aliviar sus heridas y dar fuerza a su organismo, capaz de dar llama para iluminar las noches...”

Meme 22 de julio de 2013, 14:18  

Chela , que bien describes la impresión que nos dan los hermosos y tan cuidados campos de olivos andaluces. Sí, la foto es de uno de tantos olivos centenarios que hay por mi isla. Aquí están plantados en bancales, tal como nos enseñaron los árabes, para aprovechar al máximo la tierra fértil y evitar que las lluvias arrastren la tierra.

Muchas gracias por tu comentario y recibe un fuerte abrazo

Omar , Neruda grande esntre los grandes que ha dado tu continiente.

Abrazos

Marcos
muchísimos gracoas por recordar éste episodio de la mitología griega.

Abrazos

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