LA NINA QUE JUGABA A LA RAYUELA

>> 27/2/13


La niña que jugaba a la rayuela
 y a escapar de las olas en la playa
 creció esperando siempre algún prodigio
 un viaje imprevisto a cualquier parte.
 En el cristal del día fue la luz
 la que hurtaba sus horas mas felices
 y la noche y sus ruidos no trajeron
 sino tedio cansancio y mal de amor.
 Ella que perseguía el alborozo
 se vio acosada por los años feos
 y un día tuvo miedo de la vida
 al contemplar su ayer en retirada.
 ¿Y el amor? Ahora ve a su compañero
 iluminado por la luna que huye.
 Sí: le quiere. El suyo es asimiento
 que no conoce tiempo ni fatiga.

José Agustín Goytisolo

6 comentarios:

Chela 27 de febrero de 2013, 19:53  

Claro, el amor era para ella como una tabla de salvación ante "ese miedo de la vida, al contemplar su ayer en retirada".

El amor (amar) puede salvarnos de muchos naufragios y de muchos miedos.

Un cariñoso abrazo.

Marcos 28 de febrero de 2013, 10:53  

Cuantas personas que conozco a causa de sus falsos miedos se han quedado jugando a la rayuela para siempre.

Chelo 28 de febrero de 2013, 16:46  

Pobre Goytisolo, a él, ni el amor lo salvo de la bebida.
Ayer estuve leyendo su poema Los auténticos motivos del caso.
Un abrazo.




Meme 28 de febrero de 2013, 19:49  

Chela , es lo que interpreto también de este poema.
Abrazos.

Marcos demasiadas personas se quedan jugando a la rayuela en vez de afrontar estos miedos...

Chelo Yo no diría pobre Goytisolo. El ha vivido un vida plena, con altibajos y excesos como todos los genios y también las personas del montón...
Era amigo de sus amigos, amó su familia y fue correspondido.


Una noche cualquiera del pasado verano
quiso aquel hombre terminar con todo
y después de la cena
se bebió mas de un litro de café
para empujarse todas las pastillas
de cuatro o cinco frascos de un somnífero
con lo que normalmente se durmió
y llegó hasta la muerte sin sentirla.


Sólo ciertos rumores intentaron
dar una explicación a tal suceso:
se aseguró que estaba enfermo grave
que una prima segunda le había amenazado
con contárselo todo a su marido
que los negocios no marchaban bien
que sufría de insomnio
o que su amante no le hacía caso.

Pero en realidad
las cosas eran mucho mas sencillas:
ocurrió que fue siempre un solitario
ocurrió que la vida dejó de interesarle
ocurrió que esa noche hizo un calor de ahogo
ocurrió que era muy inteligente.


Abrazos

ana porras 1 de marzo de 2013, 12:45  

Hola Meme.
Encuentro este poema nostálgico, sin esperanzas...hasta que, como otras veces , se reconce el amor y con él la salvación.
Un abrazo

el blog de jose prieto carretero 66 19 de marzo de 2013, 18:36  

realmente bello.
un saludo desde malaga.
prieto

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